Existen períodos en la Historia que nos llaman la atención por diferentes motivos. Y a qué negarlo, si uno disfruta con el relato de las conquistas de Alejandro el Grande, o admira la capacidad estratégica de Aníbal (que falló por un poquito asi, como diria Maxwell Smart), o la habilidad de los primeros Caballeros Templarios como inéditos agentes de viaje y banqueros, o la inteligencia y picardía de Michelangelo para ubicar en los infiernos a dos curas que lo papeaban siempre mientras pintaba la Capilla Sixtina… eso a veces, en algunos tiene una parte oscura, morbosa. A mi me va leer cada tanto episodios espantosos sobre la Santa (?) Inquisición.
Hace más de veinte años me regalaron un libro de Jules Michelet que trataba el asunto desde el conurbano: ciertas mujeres de un convento en Loudoun aparentemente estaban poseídas y se contaba su historia en base a documentos de la época.
Pero obviamente, es un tema fuerte para quien se aproxima. Ciertos hombres de la religión católica, en base a permisos otorgados por las autoridades eclesiásticas y validados por los reyes y príncipes de turno, salían a perseguir a todo aquel individuo cuyas actitudes o conductas resultasen sospechosas. Ya se sabe lo que le pasó a aquellos En esa época no había defensores de los derechos humanos como los que tenemos hoy y que tan bien nos protegen ;)
Y qué se yo cuándo y donde encuentro ese pequeño libro de FM. Me había puesto en MODE On “Lectura seria de hechos históricos” y no… no hay que leerlo tan circunspecto!
Aspectos Técnicos
La edición que tengo, denominada sucintamente “Quema de Brujas” (ISBN 84-7974-376-X) vio la luz en 1999 gracias a la española Editorial La Máscara, con el aval del Grupo Océano, famoso en estas costas por sus diccionarios escolares y de los otros. El volumen, con tapa flexible y solapas, costa de poco más de ciento veinte páginas. Muy buena calidad del papel empleado, con un toque satinado. Un detalle interesante es que las páginas están cosidas (sí, se ve el hilo!) y luego reforzadas con pegamento.
El tamaño de las tipografía empleada es generoso. El interletraje y el interlineado, amables con el lector que decide prescindir de sus bifocales por un rato. Los márgenes son más que amplios.
Todo ello tiene su explicación: abundan en el libro notas al pie, muchas de ellas extensas, todas necesarias.
Y del diseño de la tapa… qué se puede decir cuando la imagen elegida fue pintada por Francisco de Goya? (detalle de la obra Aquelarre de 1797)
El autor
Leandro Fernández de Moratín nació en Madrid en 1760, hijo del dramaturgo Nicolás. Eran gente “bien” de Asturias. Leandro de chico se enferma de viruela y parece que eso le cambia el carácter, y le vienen ganas de ponerse a escribir como lo hacía su padre. Por razones que desconozco, el viejo se niega a ello, y Leandro termina trabajando como ayudante de un joyero.
Pero en cuanto tuvo oportunidad, comienza a escribir, ya que algunos sacerdotes importantes lo bancan como mecenas. Y Leandro, hombre de la Ilustración, y como tal, cultor del neoclasicismo, comienza a estrenar obras de teatro en son de comedia pero no por ello carentes de valores morales (otra no le quedaba si eran los curas los que le ponían las pesetas!).
Con el tiempo consigue un puesto importante como funcionario y cuando los franceses invaden España, se pone del lado de ellos, al punto que Pepe Botella lo nombra bibliotecario mayor de la Biblio Real.
Se destacó en la comedia, género contrario al de los gustos en esa época, al que definió :
«pinta a los hombres como son, imita las costumbres nacionales existentes, los vicios y errores comunes, los incidentes de la vida doméstica; y de estos acaecimientos, de esos privados intereses, forma una fábula verosímil, instructiva y agradable.»
Fue traductor de Shakespeare, y de Moliere, por quien sentía una profunda admiración.
Su obra más trascendente ha sido “El sí de las niñas” en la que a una chica adolescente los viejos la quieren hacer casar con un tipo de casi sesenta años, y la piba nada, que no le gustaba para nada esa historia. Moratín en esa obra plantea la por entonces loca idea que empezaba a divulgarse sobre eso de andar casándose con quien uno quisiera y no con quien le convenía (generalmente a los padres) y también una crítica a la sociedad de esa época: se pide libertad para la formación del Estado, pero en lo doméstico se prefiere continuar ejerciendo el autoritarismo.
La obra
El título original es “Auto de fe celebrado en la ciudad de Logroño en los días 7 y 8 de noviembre del año de 1610, siendo Inquisidor General el Cardenal, Arzobispo de Toledo, Bernardo de Sandobal y Roxas”. Fue editado en 1811 por la Imprenta Real. A decir verdad, con semejante título quedan pocas ganas de leerlo. Por suerte los de Oceano lo modificaron adecuadamente.
En las fechas y lugar mencionados la Santa Inquisición condena por brujería a 53 personas, 5 estatuas y 5 esqueletos. Cualquier pavada podía hacer que se te acusara, te persiguieran, te torturasen y luego te quemasen en una hoguera.
Un hombre del pueblo, dueño de una imprenta, presente en el Auto de Fe edita algo así como una nota periodística. Terrible relato, muy crudo, con descripciones satanistas a full. Unos doscientos años más tarde, LFM descubre el texto, le agrega unas notas increíbles por lo irónicas y/o sarcásticas y lo publica bajo seudónimo.
“El lunes siguiente, cuando amaneció, estaban ya puestos en el cadalso todos los demás penitentes, y debajo de su dosel los señores inquisidores con el estado eclesiástico y ciudad, y todo lo demás dispuesto en la forma que estuvo el día atrado, y se volvió a proseguir el Auto por un sermón [*] que predicó el provincial de la Orden de San Francisco, que es también calificador del Santo Oficio.”
[*] (Nota de Moratín) Qué dos piezas de elocuencia se ha perdido la posteridad: el sermón del padre provincial y el del padre prior! Tan bueno sería el uno como el otro. Y cómo resplandecería en los dos el espíritu de la tolerancia, de mansedumbre, de caridad evangélica!
Generalmente se asocia como el más espantoso momento de la maldad humana a la Shoa u Holocausto. Con estos temas no se puede hacer un ranking, o yo no consiento hacerlo, porque por intolerancia e ignorancia se pierda una sola vida ya es deleznable.
No se puede medir cual fue el peor o el menos malo apelando a la cantidad de víctimas. La Inquisición ha sido uno de los períodos más horrendos de la historia occidental, ya que legalizó la prisión, tortura y matanza de personas acusadas de prácticas poco factibles. Pero vale la pena leer Quema de Brujas, sea al menos como documento histórico.
En un esfuerzo de producción les dejo otra visión sobre la Inquisición en España:
Enlaces:
http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Moratin/index.shtml
http://es.wikipedia.org/wiki/Leandro_Fern%C3%A1ndez_de_Morat%C3%ADn


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