lunes, 30 de noviembre de 2009

Quema de Brujas, de Leandro Fernández de Moratin

Existen períodos en la Historia que nos llaman la atención por diferentes motivos. Y a qué negarlo, si uno disfruta con el relato de las conquistas de Alejandro el Grande, o admira la capacidad estratégica de Aníbal (que falló por un poquito asi, como diria Maxwell Smart), o la habilidad de los primeros Caballeros Templarios como inéditos agentes de viaje y banqueros, o la inteligencia y picardía de Michelangelo para ubicar en los infiernos a dos curas que lo papeaban siempre mientras pintaba la Capilla Sixtina… eso a veces, en algunos tiene una parte oscura, morbosa. A mi me va leer cada tanto episodios espantosos sobre la Santa (?) Inquisición.

Hace más de veinte años me regalaron un libro de Jules Michelet que trataba el asunto desde el conurbano: ciertas mujeres de un convento en Loudoun aparentemente estaban poseídas y se contaba su historia en base a documentos de la época.

Pero obviamente, es un tema fuerte para quien se aproxima. Ciertos hombres de la religión católica, en base a permisos otorgados por las autoridades eclesiásticas y validados por los reyes y príncipes de turno, salían a perseguir a todo aquel individuo cuyas actitudes o conductas resultasen sospechosas. Ya se sabe lo que le pasó a aquellos En esa época no había defensores de los derechos humanos como los que tenemos hoy y que tan bien nos protegen ;)

 

Y qué se yo cuándo y donde encuentro ese pequeño libro de FM. Me había puesto en MODE On “Lectura seria de hechos históricos” y no… no hay que leerlo tan circunspecto!

 

Aspectos Técnicos

La edición que tengo, denominada sucintamente “Quema de Brujas” (ISBN 84-7974-376-X) vio la luz en 1999 gracias a la española Editorial La Máscara, con el aval del Grupo Océano, famoso en estas costas por sus diccionarios escolares y de los otros. El volumen, con tapa flexible y solapas, costa de poco más de ciento veinte páginas. Muy buena calidad del papel empleado, con un toque satinado. Un detalle interesante es que las páginas están cosidas (sí, se ve el hilo!) y luego reforzadas con pegamento.

El tamaño de las tipografía empleada es generoso. El interletraje y el interlineado, amables con el lector que decide prescindir de sus bifocales por un rato. Los márgenes son más que amplios.

Todo ello tiene su explicación: abundan en el libro notas al pie, muchas de ellas extensas, todas necesarias.

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Y del diseño de la tapa… qué se puede decir cuando la imagen elegida fue pintada por Francisco de Goya? (detalle de la obra Aquelarre de 1797)

 

El autor

Leandro Fernández de Moratín nació en Madrid en 1760, hijo del dramaturgo Nicolás. Eran gente “bien” de Asturias. Leandro de chico se enferma de viruela y parece que eso le cambia el carácter, y le vienen ganas de ponerse a escribir como lo hacía su padre. Por razones que desconozco, el viejo se niega a ello, y Leandro termina trabajando como ayudante de un joyero.180PX-~1

Pero en cuanto tuvo oportunidad, comienza a escribir, ya que algunos sacerdotes importantes lo bancan como mecenas. Y Leandro, hombre de la Ilustración, y como tal, cultor del neoclasicismo, comienza a estrenar obras de teatro en son de comedia pero no por ello carentes de valores morales (otra no le quedaba si eran los curas los que le ponían las pesetas!).

Con el tiempo consigue un puesto importante como funcionario y cuando los franceses invaden España, se pone del lado de ellos, al punto que Pepe Botella lo nombra bibliotecario mayor de la Biblio Real.

Se destacó en la comedia, género contrario al de los gustos en esa época, al que definió :

«pinta a los hombres como son, imita las costumbres nacionales existentes, los vicios y errores comunes, los incidentes de la vida doméstica; y de estos acaecimientos, de esos privados intereses, forma una fábula verosímil, instructiva y agradable.»

Fue traductor de Shakespeare, y de Moliere, por quien sentía una profunda admiración.

Su obra más trascendente ha sido “El sí de las niñas” en la que a una chica adolescente los viejos la quieren hacer casar con un tipo de casi sesenta años, y la piba nada, que no le gustaba para nada esa historia. Moratín en esa obra plantea la por entonces loca idea que empezaba a divulgarse sobre eso de andar casándose con quien uno quisiera y no con quien le convenía (generalmente a los padres) y también una crítica a la sociedad de esa época: se pide libertad para la formación del Estado, pero en lo doméstico se prefiere continuar ejerciendo el autoritarismo.  

 

La obra

El título original es “Auto de fe celebrado en la ciudad de Logroño en los días 7 y 8 de noviembre del año de 1610, siendo Inquisidor General el Cardenal, Arzobispo de Toledo, Bernardo de Sandobal y Roxas”. Fue editado en 1811 por la Imprenta Real. A decir verdad, con semejante título quedan pocas ganas de leerlo. Por suerte los de Oceano lo modificaron adecuadamente.

En las fechas y lugar mencionados la Santa Inquisición condena por brujería a 53 personas, 5 estatuas y 5 esqueletos. Cualquier pavada podía hacer que se te acusara, te persiguieran, te torturasen y luego te quemasen en una hoguera.

Un hombre del pueblo, dueño de una imprenta, presente en el Auto de Fe edita algo así como una nota periodística. Terrible relato, muy crudo, con descripciones satanistas a full. Unos doscientos años más tarde, LFM descubre el texto, le agrega unas notas increíbles por lo irónicas y/o sarcásticas y lo publica bajo seudónimo.

“El lunes siguiente, cuando amaneció, estaban ya puestos en el cadalso todos los demás penitentes, y debajo de su dosel los señores inquisidores con el estado eclesiástico y ciudad, y todo lo demás dispuesto en la forma que estuvo el día atrado, y se volvió a proseguir el Auto por un sermón [*] que predicó el provincial de la Orden de San Francisco, que es también calificador del Santo Oficio.”

[*] (Nota de Moratín) Qué dos piezas de elocuencia se ha perdido la posteridad: el sermón del padre provincial y el del padre prior! Tan bueno sería el uno como el otro. Y cómo resplandecería en los dos el espíritu de la tolerancia, de mansedumbre, de caridad evangélica!

 

Generalmente se asocia como el más espantoso momento de la maldad humana a la Shoa u Holocausto. Con estos temas no se puede hacer un ranking, o yo no consiento hacerlo, porque por intolerancia e ignorancia se pierda una sola vida ya es deleznable.

No se puede medir cual fue el peor o el menos malo apelando a la cantidad de víctimas. La Inquisición ha sido uno de los períodos más horrendos de la historia occidental, ya que legalizó la prisión, tortura y matanza de personas acusadas de prácticas poco factibles. Pero vale la pena leer Quema de Brujas, sea al menos como documento histórico.

En un esfuerzo de producción les dejo otra visión sobre la Inquisición en España:

 

Enlaces:

http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Moratin/index.shtml

http://es.wikipedia.org/wiki/Leandro_Fern%C3%A1ndez_de_Morat%C3%ADn

http://soria-goig.com/historia/pedrosanz/resplandor_20.htm

lunes, 2 de noviembre de 2009

Akhenaton, de Naguib Mahfuz

Desde pequeña sentí fascinación por Egipto. Las pirámides y los misterios sobre su construcción, los templos, el seleccionado de dioses, los faraones.

Recuerdo que haciendo el curso para la Primera Comunión, en una clase la catequista, mientras nos hablaba del Éxodo, nos contaba de lo que era la vida en Egipto en esa época que le tocó vivir a Moisés, persona de los libros sagrados que siempre me gustó y admiro (pero José más) y… nada, no va la mina y se pone a hablar mal de Ramsés II y que menos mal que las aguas se abrieron y tragaron a su ejército? No dije nada porque eso de andar desautorizando a un profe no está bien, pero desde ese día le tomé bronca a la catequista.

A pesar de la catequista seguí leyendo y aprendiendo sobre el Egipto de la Antigüedad, y la verdad, no entendía por qué le hacían tanta publicidad a Tutankamon, que habrá sido faraón con sarcófago de lujo, pero como gobernante, bastante berreta.

Crecí y dejé a un lado a los egipcios para aprender de otras cosas, sin embargo, una lleva para el resto de su vida aquello que lo hizo feliz en la niñez.

Unos veranos atrás el Diario La Nación lanzó para su temporada de menor venta una colección de novelas históricas, y no pude resistir la tentación: algunos títulos ya los tenía, otros los conocía y estaban aquellos de los que no sabía nada. Akhenaton está en la última categoría, y como con algunas personas, a veces los desconocidos nos provocan más alegría que los conocidos (o eso dicen).

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Aspectos técnicos

Como casi todo ejemplar que acompaña a una publicación habitual (en este caso un diario de venta masiva), se tiene especial cuidado en la edición: que sea económica ante todo. Esto es, que presente un tipo de calidad que comulgue con la que habitualmente tenga el diario, pero que, a sabiendas que no todos los clientes van a adquirir este “agregado”, se ahorre un poco en cuanto a los insumos.

Esta colección de novelas históricas llegó a Argentina luego del éxito logrado por su “hermana mayor”, cuando acompañó con distintos títulos al diario El País, de España, allá hubo muchos más obras, entre las que pude adquirir Memorias de Agripina, tratada en este mismo blog.

La edición (ISBN 987-04-0490-1) de neta industria nacional, de tapas flexibles pero con sobrecubierta, es austera, Papel de buen gramaje aunque con cierta tendencia a ser vulnerable al paso del tiempo: ya está medio amarillín. Como es de esperar, las hojas están pegadas, no cosidas. Pero el “maestro pegador” ha hecho un muy buen trabajo porque he leído varios de la colección que incluye a Akhenaton, y ni una sola hojita se ha despegado. Una tipografía adecuada en el estilo y el tamaño, acompañada por coherentes interlineado e interletraje, serán agradecidos por los lectores.

El tamaño del ejemplar está a mitad de camino de lo que es un best-seller (prometo averiguar cómo se denomina a ese tamaño), y un pocket de buena familia. Conviene tener cartera mediana para transportar Akhenaton.

 

El autor

Naguib Mahfuz nació a principios del siglo pasado y tuvo una larga vida. Fue y sigue siendo considerado el escritor más importante de lengua árabe contemporáneo. Estudió filosofía, se especializó en literatura medieval y fue traductor al árabe de muchas obras importantes. Según la santa wiki, su producción literaria, que fue abundante (unas cincuenta obras en la misma cantidad de años), puede desglosarse en cuatro o cinco etapas, perteneciendo Akhenaton a la primera de ellas. Se ha basado en cuentos, leyendas y mitos, pero también su amada El Cairo le sirvió de constante musa para sus historias.

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Su talento fue merecedor de montonazo de premios, incluyendo el Nobel en 1988. Algunas de sus producciones fueron llevadas al cine, quizá la más famosa sea El callejón de los milagros. Un grosso!

La obra

La colección era de entregas semanales, y si bien te soy de leer rápido, bueno, esta novela la dejé para más adelante: ese verano el calor en Buenos Aires era impiadoso, y ponerme a leer algo sobre Egipto… me iba a dar más calor. Oportunamente me propuse averiguar data histórica sobre el personaje del que iba a leer, pero al final no hice nada.

La historia comienza en el siglo XIV A.C., cuando Miri-Mon se va de viaje con su padre desde su ciudad natal Sais hacia Panopolis, a visitar a una hermana. Van en barca surcando el Nilo, hacia el sur. Durante el viaje, divisan una ciudad rara: parecía que había sido colosal, gloriosa, pero no había vida allí, todas las puertas y ventanas estaban cerradas (la verdad, qué buena la vista de Miri-Mon). Y le llamó la atención. En esa época todavía había respeto por los mayores y nuestro protagonista pega vueltas antes de preguntarle a su padre qué onda eso que estaban viendo.

El viejo en seguida le dice que esa era, había sido, “la ciudad del Hereje, la ciudad infiel y maldita”. Miri-Mon entonces le pregunta si hay alguien vivo en esa ciudad, y el padre, seco, le responde que posiblemente la mujer del Hereje siguiera viviendo allí, junto con algunos guardianes. A Miri-Mon le empiezan a caer algunas fichas y de vuelta atosiga a su padre. diciéndole que, con su permiso, le gustaría registrar todo lo relacionado con esa ciudad: por qué y cómo se construyó, y sobre el drama que desgarró a sus habitantes y destruyó el imperio.

 

El padre que era un tipo serio, sólo le dice que ya se había hablado del asunto en el templo, dando a entender que mejor se dedicase a otra cosa y que… de ese tema no era conveniente hablar.

Cargoso, Miri-Mon (o el autor, exteriorizando sus principios) le retruca al padre con una argumentación para concretar su deseo: “No juzgues nada hasta que hayas escuchado a todas las partes”.

Tanto insistió que el padre aceptó que su hijo se dedique a lo que actualmente conocemos como periodismo de investigación, le preparó unas cartas de recomendación para que ciertos conocidos le respondan de buena gana a su hijo, pero le advierte: 

- (…) guárdate de levantar la ira del poderoso o de insultar a la prostituta, sé como la Historia, que escucha a todo el que habla sin inclinarse ante nadie, para luego entregar la pura verdad a los que observan.

Y allá se fue contento el Miri-mon, a tratar de descubrir (si era eso posible) qué y quien fue Akhenaton. Porque para algunos era un tipo repugnante, deforme, de sexualidad indefinida, que dejó de lado las responsabilidades del gobierno para meterse de lleno en la divulgación de una nueva religión monoteísta. Para otros, sin embargo, el faraón fue un revolucionario, que quiso cambiar la religión (no sólo el dogma) sino también las artes y la sociedad, y que por eses motivo fue perseguido hasta su muerte por los poderosos sacerdotes de los viejos dioses.

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En catorce capítulos – entrevistas, nuestro protagonista va a escuchar las opiniones y posturas de aquellos que fueron contemporáneos a Akhenaton (o Amenhotep IV). A favor y en contra, sin pelos en la lengua, o terriblemente cuidadosas por si acaso. Las intrigas de aquellos que están en el poder, las intrigas de los que fueron excluídos de aquél, las maquinaciones de esos otros que querían algo diferente, a veces para mejorar el bien público, pero también (por qué no?) para satisfacer sus ambiciones personales.

Termina la novela con una larga charla con Nefertiti.

Imperdible. Fue muy grato conocer a Mahfuz a través de esta novela, que de acuerdo a lo que estuve investigando es una obra muy chiquita en comparación con otras.

Pero lo mejor es que… no muerde!

 

 

Referencias:

Imagen portada del libro http://www.santafebooks.com/tapas/8498152313.jpg

Foto de Mahfuz

http://especiales.lasprovincias.es/anuario/protagonistas/2006-media/naguib-mahfuz.jpg

Imagen del faraón

http://www.prof2000.pt/users/clara1geia/images/Akhenaton.JPG

 

Sobre el autor

http://en.wikipedia.org/wiki/Naguib_Mahfouz

Sobre Akhenaton

http://es.wikipedia.org/wiki/Akenat%C3%B3n

Sobre la novela

http://www.lecturalia.com/libro/9716/akhenaton-el-rey-hereje

viernes, 23 de octubre de 2009

Noticias de la noche, de Petros Márkaris

Cuando vas a una Feria del Libro, por ejemplo la de Buenos Aires, y concurrís con la ferviente intención de llevarte algún ejemplar a tu casa, tenes varias formas de lograr tu cometido. Se me ocurren estas:

  • Adquirir libros que son un “must”: los clásicos de la literatura universal que aun no estén en tu biblioteca. Y ahí te volvés con un Fuenteovejuna, un algo de Nietzsche, algún Hesse, o si nos vamos a lo vernáculo, un Jorge Luis, un ABC o el infaltable Martin Fierro. Por ahí nunca los lees.
  • Revolver en las mesas de las librerías que pusieron su stand y te compras diez libros de autores desconocidos pero con la felicidad de que cada volumen cotizó no más de diez mangos. Todo sea por la cultura y el fomento a los autores relegados de las editoriales tanques.
  • Ir a lo seguro: con cierta abundancia de fondos en efectivo o en tu cuenta bancaria, te permitís consultarle al empleado del stand que parezca menos prejuicioso o avinagrado sobre algo que te guste.
  • TOC: durante el periodo no-feria te armas una lista nutrida de libros por comentarios favorables que te han hecho tus amigos, o por lo que leíste de la revista que acompaña al diario de los domingos o por lo que sale en los suples de cultura de los mismos diarios, o por lo que escuchaste por la radio (salvo Canela, es poco probable que alguien en la tele te recomiende un libro).

Cada quien tiene su método, que le provee satisfacción. A mi me va más la última opción a pesar de ser la más tortuosa: hay que ir ahorrando para el evento, aun a costa de no salir de vacaciones, hay que ir acompañado, para que te ayuden a cargar las bolsas, y hay que tener esperanzado espíritu de superación porque difícilmente te compres todo lo que te anotaste o porque sí, pero no llegaste a conseguir algún otro que no estaba en tu lista y también te interesó.

 

Transitando el último trimestre del año me es grato (?!) comentarles que no comencé a preparar mi lista, a pesar de haberme leído los cuatro o cinco libracos que pude comprar en la última feria. Pero ese es otro asunto.

 

Llego a Márkaris porque supe de él en varias notas que sacaron las revistas Ñ y ADN. Por las crónicas o críticas me pareció que tenía que tener en cuenta a ese autor que también es guionista de cine y de tele. A qué negarlo: también me interesó porque me descubrí comprando libros de diversos autores contemporáneos europeos (ya hablé de varios, como Mankell y Urban), y uno griego no me venia mal para mi “colección”.

Aspectos Técnicos

Noticias de la Noche, editada por la prestigiosa Tusquets en su colección Andanzas (ISBN 978-987-1210-94-7), es una novela de poco más de trescientas páginas. Tapa flexible con solapas, buen gramaje del papel empleado, y tipografía (siempre me las confundo) roman en tamaño apto para astigmáticos. El papel, apenas oscurecido, no cansa la vista del lector ávido. La lectura es apta para el colectivo o el subte, aunque no les puedo dejar datos sobre trenes.

El precio del volumen ronda los $ 65. Como el tiempo, como los mails, el costo es relativo: si te gustó, valió la pena la inversión.

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Petros Márkaris nació en Estambul en 1937. Estudió económicas en Alemania y después se fue para Atenas. Escribió guiones para la tele y piezas para teatro, trabajó junto a Theo Angelopoulos en varias de sus pelis (como guionista), pero también tradujo del alemán al griego obras de Goethe y Brecht. Es decir… algo así como el G. Sofovich griego. Y también le da por escribir novelas negras. 

La obra

Como Márkaris maneja muy bien los tiempos de la tele y del cine, la novela que nos ocupa tiene un ritmo genial.

Comienza con el asesinato de una pareja de albaneses. Otro albanés se hace cargo del crimen y el asunto parece estar cocinado. Valga la aclaración que parece que en la Grecia actual a los albaneses se los tiene en la misma estima general como en Argentina a los hermanos de países limítrofes. El detective Kostas Jaritos (la forma de su nombre puede variar según las ediciones) dice ma’si, menos mal que aquel se declaró culpable, cuál es el próximo caso?. Pero una periodista de un noticiero a quien yo me la imagino tipo Florencia Etcheves, empieza a cuestionarle a nuestro detective si está tan seguro que el fulano culpable realmente lo es. Y Jaritos, más por “ponerle la tapa” a la periodista que por convicción al volver a la escena donde se produjo el asesinato, empieza a dudar de lo fácil del caso. Pero no quiere darle la razón a aquella porque es linda, inteligente y muy capaz de decir en el noticiero que la poli de Atenas anda metiendo preso a cualquiera que tenga portación de cara que porque realmente se haya puesto en duda su culpabilidad.

Ahora… dos minutos que te descuidas y no va que aparece la periodista asesinada?

Y Jaritos le tendría idea, pero parece que la mujer debía tener alguna pista que a los polis se les había pasado por alto. Así que comienza con las investigaciones. Se va a meter (adentrar sería muy delicado) en lo que es el mundo de las noticias por la tele, los tejes y manejes, las broncas entre un canal y otro, los periodistas que cuando los ves parecen tenerla re clara pero en realidad los créditos se los debiera llevar el guionista del noticiero, porque el periodista estrella es un gil pero tiene la suerte de ser amigo de un pez gordo del canal y de ahi nadie lo saca.

Durante la investigación Jaritos se irá adentrando en algo que muchos niegan o prefieren ocultar: que en una democracia hay ciudadanos de segunda y que el nativo le tiene encono al que es inmigrante de un país limítrofe porque… bueno, eso léanlo.

Pero no solo ello: va a aprender sobre los negocios algo turbios de empresas prestigiosas y fundamentales para la vida en sociedad. Sus orígenes, sus integrantes y los fines que, en caso de despiole, los peces gordos no admitirán conocer y harán caer todas las culpas sobre sus segundos.

 

Noticias… es imperdible, y con un poco, poquito de imaginación, al concluirla quizá pienses como yo que para escribirla, Márkaris pasó unos meses por Buenos Aires.

 

Leanla: no muerde!

 

Nota: todos mis comentarios sobre libros los hago por haber disfrutado de las obras, mis dichos en lenguaje coloquial sólo pretenden entretener a mis lectores y estimularlos a continuar con el placentero y saludable hábito de la lectura. Lejos está de mi burlarme u ofender a los Autores y sus obras.

 

Fuentes:

http://www.tusquetseditores.com/autor/petros-markaris

http://en.wikipedia.org/wiki/Petros_Markaris

http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-noticias-de-la-noche

http://www.lsf.com.ar/templates/ficha.aspx?codigo=9789871210947

http://www.archivodenessus.com/rese/0305/ (la mejor reseña sobre el libro) 

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Los Borgia, de Mario Puzo

 

Escuchando a Alejandro Dolina, en su sección de historias, me nutro de conocimientos fragmentados sobre personas, personajes y cosas de manera aleatoria. Grande es la admiración que tengo por el Negro, y digo que él es el “culpable” de haberme hecho ampliar mis conocimientos sobre disciplinas y hechos históricos que por mi formación hubieran permanecido ignotos hasta el fin de los tiempos (o al menos hasta MI fin).

En la diversidad de anécdotas relatadas tengo temas preferidos, uno de ellos me llegó gracias a la destreza de este inigualable narrador: las andanzas de la Borgia family.

 

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Como en otras ocasiones, busqué, investigué y frecuentemente dí con la mancha que rodea a varios integrantes (si no todos) de esa familia. Revolviendo estantes en alguna cadena de librerías doy con un ejemplar sobre los Borgia. Colosal atención me provocó que el autor fuese Mario Puzo. Alegría me embargó el saber que no era un libro de historia sino una novela histórica. Tamaño pocket y precio accesible fueron los últimos factores que me indicaron que ese libro tenía que ser mío.

 

Aspectos técnicos

Las ediciones en castellano se han titulado “Los Borgia”, sin embargo el título original es “The Family”. 

El volumen en cuestión (ISBN 987-1144-45-8), de edición en tapa flexible y tamaño de bolsillo, permiten que sea apto para thumbnail[5] transportarlo en el bolsillo de la dama o la cartera del caballero. Consta de casi cuatrocientas páginas en una tipografía elegante (infiero que es del estilo de las Roman ®), aunque para mi gusto un tanto reducida. El proceso de lectura será ideal llevarlo a cabo instalado en algún lugar con buena iluminación (no encandilante ya que el papel es un tanto satinado) y con la movilidad que sólo el lector le quiera dar. No recomiendo su lectura en ciertas líneas de colectivos, aunque se advierte cierto potencial para ser leído parado en la fila del banco.

El autor

Es la primera novela que leí (hasta el momento la única, también) de Mario Puzo. No me hicieron falta recomendaciones de críticos de suplementos de cultura o similares para saber que lo que estaba llevando tenía pocas posibilidades de defraudarme. Puzo nació en Nueva York en 1920 (yo lo creía importado de Italia) y falleció en la misma ciudad en 1999. Escribió varias novelas y unos cuantos guiones de pelis. Se hizo ya no conocido, sino famoso, por el guión adaptado de su propia novela El Padrino, filmada MA-GIS-TRAL-MEN-TE por Francis Ford Coppola. Hoy les retaceo datos sobre Puzo, hay miles de páginas en la red dedicadas a él.

 

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Hice este planteo: si Puzo escribió el guión del Padrino, una de mis películas preferidas entre en las que otras cosas se destaca LO que dicen los personajes, y si en el libro de hoy habla de los Borgia, una de mis familias preferidas (quizá luego de los Simpson y los Corleone), entonces el libro debe estar buenísimo.

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La obra

Puzo para escribir esta novela estuvo mucho tiempo. A mediados de los ‘80 visita el Vaticano y luego de esa experiencia decide comenzar a gestar la historia. Su muerte impidió que la viera editada. De la corrección de los últimos capítulos se encargaron su asistente y compañera Carol Gino y el historiador Bertram Fields.

El prólogo nos provee de un contexto histórico que sin dejar de ser cierto, colaborará en alimentar cierta subjetividad positiva que iremos teniendo hacia los protagonistas.

Pero antes de ello, Puzo nos deja una frase de un gran escritor, como para avizorar la trama:

“Déjame ser vil y rastrero, pero permíteme que bese el sudario que envuelve a mi Dios. Pues aunque siga al demonio, sigo siendo hijo Tuyo, oh Señor, y Te amo y siento esa dicha sin la que el mundo no puede existir” (Fedor Dostoievsky, Los hermanos Karamazov).

Nos vamos a encontrar en el Renacimiento en lo que hoy conocemos como Italia, en épocas de la peste negra. Las Cruzadas ya eran demodé, florecían las artes y las ciencias (bah, sólo la medicina). Pero en la “bota” no existía aún el concepto y la necesidad de nación. Cada ciudad tenia su regente, que bien podía ser un rey, un señor feudal, un duque o un macanudo cuya familia había amasado alguna fortuna en las últimas temporadas. Se decía que en Roma todo tenía un precio, y que no era una ciudad bendita precisamente: asaltos por doquier, chicas trabajando en donde mejor les apetecía, acuchillados arrojados en cualquier parte, sobornos hasta con el panadero, y si tenías algún pecadillo pero también algún billetín, lograbas el perdón y hasta la salvación eterna.

Y ahí nos está el cardenal Rodrigo Borgia y su familia. Ya se había estipulado que la gente consagrada a la Iglesia no podía contraer matrimonio, pero… en el valle de lágrimas que era esa época, cómo el Señor no iba a entender si un hombre buscaba el consuelo en una mujer? Así meditaba Rodrigo. Valga la aclaración que no fue el primer hombre de la Iglesia ni el único en tener mujer (cama afuera) y haber sido bendecido con hijos. Claro que, para salvaguardar esa situación, se delineó hipócritamente la figura del “sobrino”.

Niños aun y estando Juan, César y Lucrecia en casa de su madre, los visita su padre el Cardenal. Los dos varones se habían trenzado en una pelea, y César va y lo pisotea al otro. Rodrigo lo agarra del brazo a César y le dice:

- Dime César, que es lo que tanto te molesta?

- Lo odio, padre.

- Escúchame bien, César. La fuerza de una familia, al igual que la de un ejército, reside en la unidad de sus miembros. Además, odiar a tu hermano es pecado mortal y no creo que debas poner el peligro la salvación de tu alma por algo tan insignificante como esto.

De acuerdo al relato, veremos que Rodrigo no solo tenia poder (era el segundo más importante en la Iglesia luego del Papa), sino que “estaba bueno”, lo que no lo convertía en un picaflor, pero tenía a sus chicas.

Como hombre de poder de esa época, sabía que para mantener alianzas de no agresión con otras ciudades o naciones, sus hijos pasaban a tener un valor adicional. Por lo que negoció los compromisos y casamientos de sus hijos con habilidad, a fin de ganarse aliados o hacer menguar el poder de sus enemigos.

Se delinea a Rodrigo como el gran estratega de su familia. La tenía más que clara tanto en las asignaturas canónicas como en las políticas: nadie cede dinero o poder sino a cambio de algo que sea proporcionalmente igual a lo dado.

Sus hijos, se sabe, corrieron diferentes suertes. Como descendientes de un hombre de poder uno podría inferir que se la pasaban de juerga todo el tiempo y no necesariamente era así. Ahora bien, cuando iban a milonguear, nadie la pasaba mejor que ellos.

De cualquier modo, según el relato de Puzo, me permito definir a los chicos Borgia como citó el pensador riojano: “Niños ricos que tienen tristeza”.

 

Los Borgia de a ratos me hace recordar a los Corleone: por lo compacto de la integridad de la familia (aunque puertas adentro se quisieran matar entre sí), por tener principios que, si bien se alejan de lo moral y lo habitualmente ético, al mantenerlos consiguen alcanzar los objetivos deseados con el menor daño colateral posible, y, sobre todo porque hay un jefe que ante una situación problemática analiza las causas, factores en juego y posibles consecuencias de manera fría y meditada, quedando frecuentemente el convencimiento en el lector de que lo que sucedió “fueron negocios, nada personal”.

 

Los Borgia es una muy buena novela. Nada. Consíganla y disfrútenla.

 

Ah! Cualquier semejanza de la ficción de la novela con la realidad actual… es mera coincidencia, o suponen que la gente no cambió su modo de ser luego de quinientos años de “evolución”?

 

Algunas referencias

Imágenes descaradamente copiadas y pegadas

1. Detalle de “At dinner with Cesare Borgia” de John Collier http://www.efn.org/~acd/MAabroad.html

2. Portada de una de las muchas ediciones.

3. Entrega de Premios Oscar 1972.

4. Fotograma de “El Padrino” (F. Ford Coppola).

Sitios consultados

http://www.mariopuzo.com/

http://www.thefamouspeople.com/profiles/mario-puzo-67.php

http://es.wikipedia.org/wiki/Borgia

http://www.campodemarte.com/biografia-del-papa-alejandro-vi.html

martes, 11 de agosto de 2009

Libros que no muerden: “El hombre sonriente” de Henning Mankell

Mi contacto con la novela policial, pero policial, policial, siempre fue escueto y efímero. Recuerdo haber leído obras de la vieja Agatha Christie (alguna vez fue joven?) y de Sir Arthur Conan Doyle. Más que por gusto, esas lecturas eran obligatorias para el estudio del idioma ingles, así que luego de cumplir con la obligación para con la profe particular y los tenebrosos examinadores ingleses de la AACI, decidí no tener en cuenta tanto a esos autores en particular como al genero literario en general.

Me acerco a Mankell y a otro autor de quien en otro momento les contaré gracias a las notas, entrevistas, criticas y elementos publicitarios con los que me encontré en los últimos dos años.

En la última Feria del Libro en Buenos Aires, me entero que Mankell era uno de los invitados estrella, junto a Savater y a Ken Follet.

Y, sinceramente, más por “cholula” que por otro motivo, voy al stand de Tusquets a comprar el libro más barato de Mankell, con la firme intención de que aquel me lo firmase luego de una conferencia. Abonado el ejemplar que tengo ahora a mi siniestra, le pregunto a quien me atendió cuándo iba a empezar a firmar este tipo. Y me responden: “Mankell no viene a firmar, está muy agrandado así que solo dará la charla, pero el libro que estas llevando te va a gustar”.

Ya estaba pagado y no había posibilidades de cancelar la operación. Llegué a casa y lo puse en el estante de los “para leer”, y creyendo que el volumen podía escucharme le dije: “te voy a leer cuando no tenga cosa mejor que hacer”.

Hace unos quince días se me pasó la rabieta con Mankell y su smiling man y comencé a leerlo.

Vamos a lo técnico: Tusquets es una editora de la gran siete con casa matriz en España. España está en Europa, y Europa significa euros €. Esa moneda representa para un argentino unas seis veces más lo que su peso $. En consecuencia, los libros que saca Tusquets no se caracterizan por ser baratos. Pero la editora lo compensa con autores de envergadura.

La edicion que exprimió a mi banelco (ISBN 978-987-1544-01-1), responde a un volumen impreso en Argentina y en formato pocket, de la coleccion Maxi. Ya saben: para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero.

El autor: es un señor sueco que además de relatos escribe obras de teatro y desde hace bastante reparte su tiempo entre su país natal y el africano Mozambique, en donde dirige el Teatro Nacional, salvando las distancias debe ser el equivalente a nuestro Teatro San Martin, pero más africano. Buen vendedor de sus obras, amigo de las novedades tecnológicas, no es rebuscado y la tiene clara que si no estas en internet, medio que no existis.

La obra: es mi primera y seguro habrá más, aproximaciones al detective Kurt Wallander.

La novela comienza cuando un boga, un tipo de unos 60/70 años conduce su auto por una ruta desierta desde un castillo que acaba de abandonar hasta su casa en una ciudad del interior de Suecia. Ve algo en la ruta, se detiene, y zácate, espicha el abogado.

Mientras tanto, nuestro héroe el poli inspector Wallander, luego de algo que le pasó (para lo cual el autor astutamente hace referencia a novelas propias anteriores y no te cuenta mucho los motivos) pide una licencia para despejarse. Y se va de vacaciones terriblemente etílicas primero a alguna parte del Caribe, en donde se enreda con una chica que labura, que le saca hasta el ultimo mango, y luego con el hermano de esta quien luego de verificar que cuando al sueco no le quedaba ni un cobre de euro lo manda con una estampilla de retorno a Estocolmo, previa golpiza de rigor. No conforme con ello, Wallander, con otro dinero se va a Tailandia en un tour más etílico que el anterior, y definitivamente más promiscuo (no te cuentan los detalles escabrosos). Ahí un tipo medio que lo rescata y lo estampilla de vuelta a Suecia.

Pero de Suecia se va a un pueblito de la costa danesa en pleno otoño, un viento que te vuela las chapas, pero como Wallander está metido en liberarse de sus demonios, no le importa. Caminando por la playa se encuentra con un tipo, medio que discuten, según observa una vecina de esas chusmas que hasta en Suecia existen, y de repente no se lo ve más.

Vuelve a su ciudad de Ystad (o algo así, no confío mucho en ciertos traductores) y tiene decidido retirarse de la fuerza por ese asunto que le pasó y que Mankell no te lo va a contar salvo que compres la novela anterior. Una mañana lee en el diario que a cierto boga (otro, no el viejo del principio) lo encuentran muerto en su Estudio con tres tiros, con la particularidad de que cualquiera de los impactos era por sí solo suficiente para terminar con la vida de alguien. Resulta que este último abogado era el hijo del otro viejo abogado, y resulta también que el último finado era la persona que había ido a ver a Wallander en ese balneario danés y con quien había discutido.

Y Wallander, un poco por lo que ese hombre le había dicho en la playa y otro poco porque ahora estaba muerto, decide postergar su retiro, para ponerse a investigar las causas y los autores del crimen.

A partir de allí comienza no solo la investigación sino que el autor nos va permitiendo conocer el interior de cada uno de los personajes.

Se pone bueno porque hay un empresario malo, pero muy hábil y con infinidad de contactos que, como dicen, no da puntada sin hilo, y si bien todo apunta a que es el autor intelectual de los crimenes… hasta donde llevo leído, no lo pueden hacer caer.

El Hombre Sonriente es de esa clase de novelas con las que te podes quedar buena parte de la madrugada leyendo en la cama, haciendote la promesa “un capítulo más y la sigo mañana”, pero cuando te vence el cansancio te das cuenta que te leiste no menos de cinco capítulos luego de lo prometido.

No investigué, pero es más que seguro que estamos frente a un best seller. Sin embargo, está escrito de una manera no del todo facilonga pero tampoco super estilista.

Por lo cual, lanzo mi grito de batalla: si pueden leanlo, porque no muerde!!!

Mas info sobre Mankell y su personaje Kurt Wallander:

http://es.wikipedia.org/wiki/Henning_Mankell

http://www.henningmankell.com/ (este ultimo en ingles y sueco)

http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-el-hombre-sonriente

jueves, 14 de mayo de 2009

Libros que no muerden: "Rey Jesús" de Robert Graves

Tengo con, hacia Robert Graves una relación bastante unilateral similar a otra que mantengo con Umberto Eco. Me fascina cada frase escrita por ellos. No puedo encontrar algo que no me guste. Siempre es para mí un desafío y un placer leer algo de ellos.

 

Cuando se conjugan en una novela una buena pluma y hechos históricos, estoy tan feliz como ... bueno, me encanta.

No se muy bien dónde, cuándo y por qué compré esta novela de Graves (ISBN 950-49-0051-8). Dónde porque es una edición de esas que es más frecuente verlas en los puestos de diarios que en librerías y no por prejuicio, pero no te ando comprando un libro en ese tipo de lugares. Cuándo, porque por la fecha de edición no estaba muy lectora y menos de algo que tuviese que ver con semejante protagonista. Por qué, porque por más que Graves fuese quien lo escribió, habría elegido alguna otra obra de su autoría. Es un misterio.

Si bien cuido mis formas al solicitar libros prestados (porque me cuesta horrores reintegrarlos), éste no es uno de los que mantengo en el anaquel de "Robados / Hurtados".

 

Llegué a Robert Graves escuchando a Alejandro Dolina. Cuando éste relata en su particular estilo las historias y muchas veces andanzas de los Dioses Olímpicos, muy frecuentemente prepara sus borradores teniendo cerca "Los Mitos Griegos" de Graves, una compilación de la gran siete, creada con la severidad que amerita un libro de estudio para la universidad. Por Dolina también aprendí que Graves escribió otro tipo de obras, e imaginé debían ser al menos interesantes. Por ello Graves pasó a formar parte de mi "Wish List".

El autor fue un estudioso de la Antigüedad Clásica, y si bien sobresalen sus "Los Mitos Griegos", en coautoría con un rabino recopiló unos buenos Mitos Hebreos. Se consideraba fundamentalmente poeta, aunque sus novelas y ensayos son muy buenos (Yo, Claudio y La Diosa Blanca, entre otros).

 

Graves no se fue con chiquitas con esta novela. Encarar hace unas décadas atrás una obra de ficción teniendo como protagonista a Jesús, sin caer en los peligros de ser complaciente o blasfemo con los creyentes, es al menos una empresa arriesgada.

A algunos les habrá pasado, aquellos de tradición cristiana, que los evangelios no siempre se entienden, quizá a riesgo de terminar pensando que son relatos estrictamente simbólicos que serán descifrados a nosotros por un experto (sacerdote, pastor). Desprovistos de referencias históricas trascendentes y significativas pueden por ello producir rechazo su lectura por parte de los profanos.

Y al momento en que un creyente (alguien que los aceptó como verdad literal) se choca con quien diga que los mismos no tienen validez histórica y con ello pareciera que quieren desbarrancar lo aprendido, caramba! Lo menos que les puede pasar es tener una descomunal crisis de fe, un golpe durísimo. Hoy día, aquellos que podemos gozar de las delicias de la globalización, podemos encontrarnos al menos una vez por semana en algún canal de cable con documentales con cuestionadores profesionales de los evangelios (suelen ser profes de universidades grosas, encaran investigaciones con la mas profunda seriedad, pero... no se ve el cartel de "no se recomienda este programa para personas creyentes").

Este tema puede dar para extensos debates, de los que no deseo formar parte ya que es difícil ponerse de acuerdo. Sugiero poner el switch "Religious" en medium a fin de evitar malasangres y picos de hipertensión.

 

Adoro las novelas históricas con mapa. Nada más imprescindible cuando se elige viajar en el tiempo y en el espacio. Rey Jesús posee uno del territorio que hoy conocemos como Palestina

Graves pone a Jesús no se si como protagonista pero sí como personaje central. No se ubica con una postura ultra cristiana pero tampoco racionalista. Elige mostrarlo como un hombre. Alguien que es el heredero legítimo del trono de Israel (en ese momento esta ocupándolo uno de la Herodes family). También lo vemos como un Profeta con todos los elementos esperables y esperados de la fe judía.

La historia (es una novela lo que estoy comentando, no lo olviden) nos es relatada en primera persona por un tal Agabo el Decapolitano a fines del siglo I. Nos va a hablar del Rey Jesús y de como comienza a ser adorado como dios por una secta de gentiles, porque para ese entonces no son solo judíos los que tienen esa nueva fe.

Comienza rápidamente una lección de historia. Vamos a conocer a través del relato de Agabo sobre dioses y diosas de la antigüedad, la idea recurrente que en el principio hubo una Divinidad Triple, madre de cuanta divinidad luego haya aparecido. Naturalmente, Agabo dará explicaciones sobre Jehová y aclara "Nadie puede comprender la historia de Jesus si no es a la luz (...) del patriarcado celestial".

El argumento de la novela girará siempre en torno a Jesús, tomando como base los hechos, las historias que nos llegaron de manera primigenia a través de los Evangelios del Nuevo Testamento. Pero para enriquecer el relato habrá interesantes y posiblemente polémicos aportes de los estudios del autor: la historia helénica, la de Roma (reino - república - imperio) y de los evangelios denominados apócrifos.

Todo ello no con fin de generar debate sino de brindar al lector otra versión de lo que llevamos conocido.

viernes, 27 de febrero de 2009

Crónicas artúricas

 

Mirando la biblioteca y eligiendo varios libros para comentar, en la “sección” clásicos – historia – mitología, junto a Sófocles, Apuleyo y Jenofonte, encuentro casi por error dos caros ejemplares: “Los Hechos del Rey Arturo y sus nobles Caballeros”, de John Steinbeck (IBSN 950-07-1745-x) y “Le Morte D’Arthur – King Arthur and the legends of the Round Table”, basado en la genial obra de Sir Thomas Malory, rendido en prosa por Keith Baines y con una introducción de Robert Graves (ISBN 0-451-62567-6).

El primero me fue recomendado por mi buen amigo Ariel B. allá por 1999, el segundo, sé que lo compré más o menos en la misma época (posiblemente hasta el mismo día) en que adquirí El señor de los anillos, seguramente en 1995.

Ambas ediciones son “de bolsillo”, obstan las explicaciones. El de Malory en especial es tan de bolsillo, tan “paperback”, que los editores, a fin de optimizar costos, dejaron márgenes ínfimos, interlineados atrevidos y un tamaño de tipografía que podría desalentar a los cortos de vista; creo que al año de adquirirlo sus hojas ya estaban peligrosamente tornándose ocre, por lo que, desde el punto de vista óptico provoca un buen esfuerzo intentar leerlo.

Ya desde el título sabemos con certeza qué nos espera. Mi acercamiento a las leyendas artúricas vino como consecuencia de haber visto Excalibur, dirigida por John Boorman (en esos primeros alquileres de VHS a mediados de los ochentas). Me fascinó de tal manera esa peli por el modo de narrar la historia que me prometí conseguir el libro lo antes posible. No fue hasta la aparición de internet que encontré datos suficientes para saber qué adquirir.

El de Malory es el libro fundamental para iniciarse en el tema, aunque advierto: fue escrito en el siglo XV, con los elementos de la retórica por entonces de moda. Sin llegar a ser excesivamente adornado, el inicio será casi tortuoso, luego se “engancha la onda” y se continúa sin tantos obstáculos.

El de Steinbeck es casi como para leer en el colectivo. La mezcla del paganismo original de la isla de Inglaterra con los elementos del cristianismo importados por el Imperio Romano, es realizada con diestra pluma por este autor, quien se basó en la obra de Malory como también en otras fuentes de la Edad Media.

A pesar de estar situados los hechos con una diferencia de unos mil años, vamos a encontrar conflictos que hoy día prevalecen.

Uther Pendragon codicia a Igraine, esposa de su enemigo el duque de Cornwall. Pendragon tiene una ventaja, cuenta entre sus consejeros (no me atrevo a llamarlo aliado) a Merlin, un hechicero. Gracias a un sortilegio, una noche de batalla entre los enemigos, Merlin le otorga por un rato a Uther la fisonomía de Cornwall, a fin de que pueda satisfacer su lujuria. Por lo que Pendragon podrá ir bastante tranquilo y sin ser molestado por sus enemigos al castillo de Tintagel a yacer con la mujer de sus deseos. Para mejorar el efecto, poéticamente Merlin provoca el aliento del dragón: una espesa bruma cubre todo y nadie puede ser distinguido salvo a corta distancia. Mientras sucede esto, Cornwall es muerto en el campo de batalla.

Consumado el acto, Pendragon regresa a su base. La verdad, a Merlin este asunto de hacer magia gratis mucho no le simpatizaba por lo que, antes de lanzar el conjuro le hace prometer a Uther que lo que resulte de su unión con Igraine le pertenecerá a él. Imaginarán que Uther le habrá contestado “ma’ si, dale viejo que se hace tarde” y que el otro en voz baja haya retrucado “el que avisa no traiciona”.

Muerto Cornwall y siendo vencedor Pendragon, éste va a ver a la viuda Igraine a su castillo y le cuenta del trato hecho con Merlin. La otra no entiende nada, pero sin tener ahora caballero que la defienda, acepta que cuando el niño nazca, no podrán bautizarlo ni ponerle nombre, amén de entregárselo sin hacer muchas escenas a quien ese día lo reclame. No le hace ninguna gracia. Pero menos a su hija Morgana, que es una nenita pero ya se nota que algo se trae entre manos.

Llegado el día del nacimiento, Igraine cumple con lo prometido mientras Morgana intenta al menos “ojear” a ese mago Merlin, que se lleva al recién nacido.

Secretamente, lleva al bebe a lo de un hombre que tenía algunas tierras, y era bastante buen tipo: Sir Ector. Merlín lo entrega a su cuidado ya que aparte de sus cualidades como persona, su esposa había sido madre en fecha reciente. Y en las tabernas de la Edad Media, quien decía que había tenido un pibe… podría haberse confundido y al final eran dos los que nacieron… me deja como loco esta birra, aclaraba a los parroquianos el Ector sin hache al principio.

Pasan algunos pocos años, Pendragon iba de batalla en batalla, siempre ganando porque Merlin estaba de su lado hasta que un dia lo hieren medio fulero y ni Merlin logra que se recupere. En el lecho de muerte, Merlin le pregunta a Uther, “digo, no es por ser pájaro de mal agüero, pero ponele que no pasas de esta noche. Viste el hijo ese que tuviste? Te gustaría que cuando sea grande sea Rey de Inglaterra?” “Si, si – dice Pendragon, igual probate otro conjuro a ver qué onda”.

En este punto (como en otros de estas leyendas) hay diferentes versiones. Elijo la filmada por Boorman a la escrita por Steinbeck. Pendragon, sabiendo que su hora estaba cerca, sintiéndose joven aun, en un ataque de ira clava su espada Excalibur en una roca, y proclama: “Minga que cualquier perejil será Rey de Inglaterra! El que saque con su habilidad y fuerza la espada de acá (oia, ahora no quiere salir esta desgraciada), será Rey”. Y ahí cae redondo.

 

Más allá de las libertades tomadas para relatar el principio de la historia, en las leyendas conoceremos personajes dignos de admiración por su entereza, su don de gentes, su galantería con damas y doncellas. La férrea defensa de nobles principios y del honor. El engaño, como medio para concretar ambiciones personales (Uther con Igraine, Morgan con Arturo, Morgan con Merlin, Mordred con Arturo).

Además de ello, aparecerán bosques encantados, criaturas en principio reales, pero que esconden enigmas. Hechiceras, magos, justas, torneos. Reyes compadritos. Caballeros cancheros. Damas retorcidas. Señoras portadoras de poderes mágicos: a veces parecen buenas, y otras, no se.

Y el touch cristiano del que hoy día se sigue hablando: a fin de encontrar la cura al maleficio que Morgan le echa a Arturo, sus nobles caballeros con Percival (o Parsifal) a la cabeza, salen a buscar el Santo Grial para que mejore y que el Reino de Camelot vuelva su esplendor. No les voy a contar si lo encuentran o no.

El símbolo del Grial lo encontraremos posteriormente en diversos relatos: de Richard Wagner a Indiana Jones, y de Umberto Eco a (Dios me perdone!) Dan Brown.

Lo recomiendo para los chicos, a partir de los ochos años, o bien cuando dejan de asustarlos los libros sin dibujos.

Lo recomiendo para los adolescentes, porque hay otras cosas tan atrapantes además de los vampiros de Crepúsculo o del alumnado del Colegio Hogwarts.

Y para los grandes, para recordarnos que hay sentimientos y principios universales que vale la pena volver a poner en práctica.

Mi agradecimiento a Moni, una rara persona que devuelve los buenos libros a sus dueños.

Mi agradecimiento a Ariel, que me enseñó otra manera de conocer estas leyendas eliminando el prejuicio de que están pasadas de moda.

Mi agradecimiento a #Camelot, porque durante un tiempo (Damas del Lago, aparte), con el respeto, modales y magia, lograron varios de sus participantes devolverme cosas importantes que creía entonces perdidas para siempre.