miércoles, 18 de febrero de 2009

Libros que no muerden - Las Siete Iglesias, de Milos Urban

Por razones navideñas, salí de gira por las cadenas de librerias, con intenciones de adquirir una novela o colección de cuentos para mis viajes en colectivo.


Unos años atrás habia comprado del mismo autor "La sombra de la Catedral". No me llevé bien con ese libro, supongo que no era nuestro momento. Pero me habia quedado cierta espinilla con respecto al autor.


Por eso, para fin de año elegí reincidir y compré Las Siete Iglesias.


Me sorprendió.

Las Siete Iglesias se inicia presentándonos a un ex poli K. Svach, quien dando un paseo matinal, al escuchar un sonido bastante particular proveniente del campanario de una iglesia, acude y encuentra en ella a un hombre a punto de morir (lo habían colgado del badajo cabeza abajo). Su acto reflejo consiste en llamar a las autoridades y a la ambulancia, tal como si estuviera aun en servicio.
A partir de este episodio nos sumergimos en el pasado lejano y reciente de este ex policía, encontrando una razón injusta y caprichosa por la que ha sido expulsado de la institución.
Pero por razones extrañas, aquel hombre a quien Svach le ha salvado la vida solicita al Jefe máximo de la poli que sea Svach quien investigue las razones y los culpables de brutal atentado.
Apareceran personajes extraños que se estima ayudarán a nuestro poli a resolver el crimen.
Svach es un hombre al que corrientemente podríamos denominar looser: aquel que no está cómodo en el lugar y tiempo que le tocó vivir, como que no encajase en la familia que le tocó en suerte, el desden y las cargadas de sus compañeros durante la época de estudio en la universidad y en la academia de policías, la indiferencia que su persona y figura provoca en los demás. No parece un tipo triste, atormentado ni fracasado. Pero en la vida (en su relación con la gente) no le ha ido bien; balancea ese opaco exterior con una vida interior en donde su pasión por la arquitectura e historia medievales de su Praga llega casi a límites de devoción.

Por ello y a fin de resolver este crimen, conoceremos Praga y sus edificios gracias a la exquisita prosa del autor (que dista de ser rebuscada y aburrida).
También es oscura, sin llegar a ser depresiva, en tanto conocemos al protagonista lamentar lo que la modernidad ha hecho con el patrimonio edilicio de la ciudad:
“Salvo las iglesias, el Ayuntamiento y algunas bodegas particulares inaccesibles, no quedaba allí piedra sobre piedra; lo que no barrió el progresismo del emperador José hace más de dos siglos, lo derruyó hasta los cimientos el saneamiento de finales del siglo XIX, conocido entre los artistas como «el atroz holocausto de Praga». Tenía que volver ahí una y otra vez, me impulsaba a ello la compasión por las casas desaparecidas y una nostalgia particular, un enamoramiento de tiempos remotos, de una época que el destino me había arrebatado.”
“En ellas [las casas] había habitado gente, se habían vivido vidas que no debemos olvidar. Y sin embargo osaron derruirlas y aniquilarlas de la memoria, reemplazarlas por edificios en los que a finales del siglo XX ni siquiera se vive. Un funcionario de banco no soporta que te pasees por encima de su cabeza, prefiere llevarse su ordenador a la planta superior. En las casas nuevas viven billetes y monedas; en las más pobres, estanterías, ordenadores y calderas.”

Urban logra en esta novela oscura (se la puede rotular como thriller) combinar una fina escritura sin perder esa agilidad a la que estamos acostumbrados en las obras de suspenso. Es pertinente aclarar que no tiene “el” ritmo cinematográfico de muchos libros exitosos del mismo género que provienen de la madre patria. Aquellos pueden leerse en menos de una semana.
Las Siete Iglesias no, va lo suficientemente rápido como para no abrumarnos, y es lo suficientemente pausado para disfrutemos y visualicemos la historia.


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