Tengo con, hacia Robert Graves una relación bastante unilateral similar a otra que mantengo con Umberto Eco. Me fascina cada frase escrita por ellos. No puedo encontrar algo que no me guste. Siempre es para mí un desafío y un placer leer algo de ellos.
Cuando se conjugan en una novela una buena pluma y hechos históricos, estoy tan feliz como ... bueno, me encanta.
No se muy bien dónde, cuándo y por qué compré esta novela de Graves (ISBN 950-49-0051-8). Dónde porque es una edición de esas que es más frecuente verlas en los puestos de diarios que en librerías y no por prejuicio, pero no te ando comprando un libro en ese tipo de lugares. Cuándo, porque por la fecha de edición no estaba muy lectora y menos de algo que tuviese que ver con semejante protagonista. Por qué, porque por más que Graves fuese quien lo escribió, habría elegido alguna otra obra de su autoría. Es un misterio.
Si bien cuido mis formas al solicitar libros prestados (porque me cuesta horrores reintegrarlos), éste no es uno de los que mantengo en el anaquel de "Robados / Hurtados".
Llegué a Robert Graves escuchando a Alejandro Dolina. Cuando éste relata en su particular estilo las historias y muchas veces andanzas de los Dioses Olímpicos, muy frecuentemente prepara sus borradores teniendo cerca "Los Mitos Griegos" de Graves, una compilación de la gran siete, creada con la severidad que amerita un libro de estudio para la universidad. Por Dolina también aprendí que Graves escribió otro tipo de obras, e imaginé debían ser al menos interesantes. Por ello Graves pasó a formar parte de mi "Wish List".
El autor fue un estudioso de la Antigüedad Clásica, y si bien sobresalen sus "Los Mitos Griegos", en coautoría con un rabino recopiló unos buenos Mitos Hebreos. Se consideraba fundamentalmente poeta, aunque sus novelas y ensayos son muy buenos (Yo, Claudio y La Diosa Blanca, entre otros).
Graves no se fue con chiquitas con esta novela. Encarar hace unas décadas atrás una obra de ficción teniendo como protagonista a Jesús, sin caer en los peligros de ser complaciente o blasfemo con los creyentes, es al menos una empresa arriesgada.
A algunos les habrá pasado, aquellos de tradición cristiana, que los evangelios no siempre se entienden, quizá a riesgo de terminar pensando que son relatos estrictamente simbólicos que serán descifrados a nosotros por un experto (sacerdote, pastor). Desprovistos de referencias históricas trascendentes y significativas pueden por ello producir rechazo su lectura por parte de los profanos.
Y al momento en que un creyente (alguien que los aceptó como verdad literal) se choca con quien diga que los mismos no tienen validez histórica y con ello pareciera que quieren desbarrancar lo aprendido, caramba! Lo menos que les puede pasar es tener una descomunal crisis de fe, un golpe durísimo. Hoy día, aquellos que podemos gozar de las delicias de la globalización, podemos encontrarnos al menos una vez por semana en algún canal de cable con documentales con cuestionadores profesionales de los evangelios (suelen ser profes de universidades grosas, encaran investigaciones con la mas profunda seriedad, pero... no se ve el cartel de "no se recomienda este programa para personas creyentes").
Este tema puede dar para extensos debates, de los que no deseo formar parte ya que es difícil ponerse de acuerdo. Sugiero poner el switch "Religious" en medium a fin de evitar malasangres y picos de hipertensión.
Adoro las novelas históricas con mapa. Nada más imprescindible cuando se elige viajar en el tiempo y en el espacio. Rey Jesús posee uno del territorio que hoy conocemos como Palestina
Graves pone a Jesús no se si como protagonista pero sí como personaje central. No se ubica con una postura ultra cristiana pero tampoco racionalista. Elige mostrarlo como un hombre. Alguien que es el heredero legítimo del trono de Israel (en ese momento esta ocupándolo uno de la Herodes family). También lo vemos como un Profeta con todos los elementos esperables y esperados de la fe judía.
La historia (es una novela lo que estoy comentando, no lo olviden) nos es relatada en primera persona por un tal Agabo el Decapolitano a fines del siglo I. Nos va a hablar del Rey Jesús y de como comienza a ser adorado como dios por una secta de gentiles, porque para ese entonces no son solo judíos los que tienen esa nueva fe.
Comienza rápidamente una lección de historia. Vamos a conocer a través del relato de Agabo sobre dioses y diosas de la antigüedad, la idea recurrente que en el principio hubo una Divinidad Triple, madre de cuanta divinidad luego haya aparecido. Naturalmente, Agabo dará explicaciones sobre Jehová y aclara "Nadie puede comprender la historia de Jesus si no es a la luz (...) del patriarcado celestial".
El argumento de la novela girará siempre en torno a Jesús, tomando como base los hechos, las historias que nos llegaron de manera primigenia a través de los Evangelios del Nuevo Testamento. Pero para enriquecer el relato habrá interesantes y posiblemente polémicos aportes de los estudios del autor: la historia helénica, la de Roma (reino - república - imperio) y de los evangelios denominados apócrifos.
Todo ello no con fin de generar debate sino de brindar al lector otra versión de lo que llevamos conocido.
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