Escuchando a Alejandro Dolina, en su sección de historias, me nutro de conocimientos fragmentados sobre personas, personajes y cosas de manera aleatoria. Grande es la admiración que tengo por el Negro, y digo que él es el “culpable” de haberme hecho ampliar mis conocimientos sobre disciplinas y hechos históricos que por mi formación hubieran permanecido ignotos hasta el fin de los tiempos (o al menos hasta MI fin).
En la diversidad de anécdotas relatadas tengo temas preferidos, uno de ellos me llegó gracias a la destreza de este inigualable narrador: las andanzas de la Borgia family.
Como en otras ocasiones, busqué, investigué y frecuentemente dí con la mancha que rodea a varios integrantes (si no todos) de esa familia. Revolviendo estantes en alguna cadena de librerías doy con un ejemplar sobre los Borgia. Colosal atención me provocó que el autor fuese Mario Puzo. Alegría me embargó el saber que no era un libro de historia sino una novela histórica. Tamaño pocket y precio accesible fueron los últimos factores que me indicaron que ese libro tenía que ser mío.
Aspectos técnicos
Las ediciones en castellano se han titulado “Los Borgia”, sin embargo el título original es “The Family”.
El volumen en cuestión (ISBN 987-1144-45-8), de edición en tapa flexible y tamaño de bolsillo, permiten que sea apto para
transportarlo en el bolsillo de la dama o la cartera del caballero. Consta de casi cuatrocientas páginas en una tipografía elegante (infiero que es del estilo de las Roman ®), aunque para mi gusto un tanto reducida. El proceso de lectura será ideal llevarlo a cabo instalado en algún lugar con buena iluminación (no encandilante ya que el papel es un tanto satinado) y con la movilidad que sólo el lector le quiera dar. No recomiendo su lectura en ciertas líneas de colectivos, aunque se advierte cierto potencial para ser leído parado en la fila del banco.
El autor
Es la primera novela que leí (hasta el momento la única, también) de Mario Puzo. No me hicieron falta recomendaciones de críticos de suplementos de cultura o similares para saber que lo que estaba llevando tenía pocas posibilidades de defraudarme. Puzo nació en Nueva York en 1920 (yo lo creía importado de Italia) y falleció en la misma ciudad en 1999. Escribió varias novelas y unos cuantos guiones de pelis. Se hizo ya no conocido, sino famoso, por el guión adaptado de su propia novela El Padrino, filmada MA-GIS-TRAL-MEN-TE por Francis Ford Coppola. Hoy les retaceo datos sobre Puzo, hay miles de páginas en la red dedicadas a él.
Hice este planteo: si Puzo escribió el guión del Padrino, una de mis películas preferidas entre en las que otras cosas se destaca LO que dicen los personajes, y si en el libro de hoy habla de los Borgia, una de mis familias preferidas (quizá luego de los Simpson y los Corleone), entonces el libro debe estar buenísimo.
La obra
Puzo para escribir esta novela estuvo mucho tiempo. A mediados de los ‘80 visita el Vaticano y luego de esa experiencia decide comenzar a gestar la historia. Su muerte impidió que la viera editada. De la corrección de los últimos capítulos se encargaron su asistente y compañera Carol Gino y el historiador Bertram Fields.
El prólogo nos provee de un contexto histórico que sin dejar de ser cierto, colaborará en alimentar cierta subjetividad positiva que iremos teniendo hacia los protagonistas.
Pero antes de ello, Puzo nos deja una frase de un gran escritor, como para avizorar la trama:
“Déjame ser vil y rastrero, pero permíteme que bese el sudario que envuelve a mi Dios. Pues aunque siga al demonio, sigo siendo hijo Tuyo, oh Señor, y Te amo y siento esa dicha sin la que el mundo no puede existir” (Fedor Dostoievsky, Los hermanos Karamazov).
Nos vamos a encontrar en el Renacimiento en lo que hoy conocemos como Italia, en épocas de la peste negra. Las Cruzadas ya eran demodé, florecían las artes y las ciencias (bah, sólo la medicina). Pero en la “bota” no existía aún el concepto y la necesidad de nación. Cada ciudad tenia su regente, que bien podía ser un rey, un señor feudal, un duque o un macanudo cuya familia había amasado alguna fortuna en las últimas temporadas. Se decía que en Roma todo tenía un precio, y que no era una ciudad bendita precisamente: asaltos por doquier, chicas trabajando en donde mejor les apetecía, acuchillados arrojados en cualquier parte, sobornos hasta con el panadero, y si tenías algún pecadillo pero también algún billetín, lograbas el perdón y hasta la salvación eterna.
Y ahí nos está el cardenal Rodrigo Borgia y su familia. Ya se había estipulado que la gente consagrada a la Iglesia no podía contraer matrimonio, pero… en el valle de lágrimas que era esa época, cómo el Señor no iba a entender si un hombre buscaba el consuelo en una mujer? Así meditaba Rodrigo. Valga la aclaración que no fue el primer hombre de la Iglesia ni el único en tener mujer (cama afuera) y haber sido bendecido con hijos. Claro que, para salvaguardar esa situación, se delineó hipócritamente la figura del “sobrino”.
Niños aun y estando Juan, César y Lucrecia en casa de su madre, los visita su padre el Cardenal. Los dos varones se habían trenzado en una pelea, y César va y lo pisotea al otro. Rodrigo lo agarra del brazo a César y le dice:
- Dime César, que es lo que tanto te molesta?
- Lo odio, padre.
- Escúchame bien, César. La fuerza de una familia, al igual que la de un ejército, reside en la unidad de sus miembros. Además, odiar a tu hermano es pecado mortal y no creo que debas poner el peligro la salvación de tu alma por algo tan insignificante como esto.
De acuerdo al relato, veremos que Rodrigo no solo tenia poder (era el segundo más importante en la Iglesia luego del Papa), sino que “estaba bueno”, lo que no lo convertía en un picaflor, pero tenía a sus chicas.
Como hombre de poder de esa época, sabía que para mantener alianzas de no agresión con otras ciudades o naciones, sus hijos pasaban a tener un valor adicional. Por lo que negoció los compromisos y casamientos de sus hijos con habilidad, a fin de ganarse aliados o hacer menguar el poder de sus enemigos.
Se delinea a Rodrigo como el gran estratega de su familia. La tenía más que clara tanto en las asignaturas canónicas como en las políticas: nadie cede dinero o poder sino a cambio de algo que sea proporcionalmente igual a lo dado.
Sus hijos, se sabe, corrieron diferentes suertes. Como descendientes de un hombre de poder uno podría inferir que se la pasaban de juerga todo el tiempo y no necesariamente era así. Ahora bien, cuando iban a milonguear, nadie la pasaba mejor que ellos.
De cualquier modo, según el relato de Puzo, me permito definir a los chicos Borgia como citó el pensador riojano: “Niños ricos que tienen tristeza”.
Los Borgia de a ratos me hace recordar a los Corleone: por lo compacto de la integridad de la familia (aunque puertas adentro se quisieran matar entre sí), por tener principios que, si bien se alejan de lo moral y lo habitualmente ético, al mantenerlos consiguen alcanzar los objetivos deseados con el menor daño colateral posible, y, sobre todo porque hay un jefe que ante una situación problemática analiza las causas, factores en juego y posibles consecuencias de manera fría y meditada, quedando frecuentemente el convencimiento en el lector de que lo que sucedió “fueron negocios, nada personal”.
Los Borgia es una muy buena novela. Nada. Consíganla y disfrútenla.
Ah! Cualquier semejanza de la ficción de la novela con la realidad actual… es mera coincidencia, o suponen que la gente no cambió su modo de ser luego de quinientos años de “evolución”?
Algunas referencias
Imágenes descaradamente copiadas y pegadas
1. Detalle de “At dinner with Cesare Borgia” de John Collier http://www.efn.org/~acd/MAabroad.html
2. Portada de una de las muchas ediciones.
3. Entrega de Premios Oscar 1972.
4. Fotograma de “El Padrino” (F. Ford Coppola).
Sitios consultados
http://www.thefamouspeople.com/profiles/mario-puzo-67.php
http://es.wikipedia.org/wiki/Borgia
http://www.campodemarte.com/biografia-del-papa-alejandro-vi.html
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