Mirando la biblioteca y eligiendo varios libros para comentar, en la “sección” clásicos – historia – mitología, junto a Sófocles, Apuleyo y Jenofonte, encuentro casi por error dos caros ejemplares: “Los Hechos del Rey Arturo y sus nobles Caballeros”, de John Steinbeck (IBSN 950-07-1745-x) y “Le Morte D’Arthur – King Arthur and the legends of the Round Table”, basado en la genial obra de Sir Thomas Malory, rendido en prosa por Keith Baines y con una introducción de Robert Graves (ISBN 0-451-62567-6).
El primero me fue recomendado por mi buen amigo Ariel B. allá por 1999, el segundo, sé que lo compré más o menos en la misma época (posiblemente hasta el mismo día) en que adquirí El señor de los anillos, seguramente en 1995.
Ambas ediciones son “de bolsillo”, obstan las explicaciones. El de Malory en especial es tan de bolsillo, tan “paperback”, que los editores, a fin de optimizar costos, dejaron márgenes ínfimos, interlineados atrevidos y un tamaño de tipografía que podría desalentar a los cortos de vista; creo que al año de adquirirlo sus hojas ya estaban peligrosamente tornándose ocre, por lo que, desde el punto de vista óptico provoca un buen esfuerzo intentar leerlo.
Ya desde el título sabemos con certeza qué nos espera. Mi acercamiento a las leyendas artúricas vino como consecuencia de haber visto Excalibur, dirigida por John Boorman (en esos primeros alquileres de VHS a mediados de los ochentas). Me fascinó de tal manera esa peli por el modo de narrar la historia que me prometí conseguir el libro lo antes posible. No fue hasta la aparición de internet que encontré datos suficientes para saber qué adquirir.
El de Malory es el libro fundamental para iniciarse en el tema, aunque advierto: fue escrito en el siglo XV, con los elementos de la retórica por entonces de moda. Sin llegar a ser excesivamente adornado, el inicio será casi tortuoso, luego se “engancha la onda” y se continúa sin tantos obstáculos.
El de Steinbeck es casi como para leer en el colectivo. La mezcla del paganismo original de la isla de Inglaterra con los elementos del cristianismo importados por el Imperio Romano, es realizada con diestra pluma por este autor, quien se basó en la obra de Malory como también en otras fuentes de la Edad Media.
A pesar de estar situados los hechos con una diferencia de unos mil años, vamos a encontrar conflictos que hoy día prevalecen.
Uther Pendragon codicia a Igraine, esposa de su enemigo el duque de Cornwall. Pendragon tiene una ventaja, cuenta entre sus consejeros (no me atrevo a llamarlo aliado) a Merlin, un hechicero. Gracias a un sortilegio, una noche de batalla entre los enemigos, Merlin le otorga por un rato a Uther la fisonomía de Cornwall, a fin de que pueda satisfacer su lujuria. Por lo que Pendragon podrá ir bastante tranquilo y sin ser molestado por sus enemigos al castillo de Tintagel a yacer con la mujer de sus deseos. Para mejorar el efecto, poéticamente Merlin provoca el aliento del dragón: una espesa bruma cubre todo y nadie puede ser distinguido salvo a corta distancia. Mientras sucede esto, Cornwall es muerto en el campo de batalla.
Consumado el acto, Pendragon regresa a su base. La verdad, a Merlin este asunto de hacer magia gratis mucho no le simpatizaba por lo que, antes de lanzar el conjuro le hace prometer a Uther que lo que resulte de su unión con Igraine le pertenecerá a él. Imaginarán que Uther le habrá contestado “ma’ si, dale viejo que se hace tarde” y que el otro en voz baja haya retrucado “el que avisa no traiciona”.
Muerto Cornwall y siendo vencedor Pendragon, éste va a ver a la viuda Igraine a su castillo y le cuenta del trato hecho con Merlin. La otra no entiende nada, pero sin tener ahora caballero que la defienda, acepta que cuando el niño nazca, no podrán bautizarlo ni ponerle nombre, amén de entregárselo sin hacer muchas escenas a quien ese día lo reclame. No le hace ninguna gracia. Pero menos a su hija Morgana, que es una nenita pero ya se nota que algo se trae entre manos.
Llegado el día del nacimiento, Igraine cumple con lo prometido mientras Morgana intenta al menos “ojear” a ese mago Merlin, que se lleva al recién nacido.
Secretamente, lleva al bebe a lo de un hombre que tenía algunas tierras, y era bastante buen tipo: Sir Ector. Merlín lo entrega a su cuidado ya que aparte de sus cualidades como persona, su esposa había sido madre en fecha reciente. Y en las tabernas de la Edad Media, quien decía que había tenido un pibe… podría haberse confundido y al final eran dos los que nacieron… me deja como loco esta birra, aclaraba a los parroquianos el Ector sin hache al principio.
Pasan algunos pocos años, Pendragon iba de batalla en batalla, siempre ganando porque Merlin estaba de su lado hasta que un dia lo hieren medio fulero y ni Merlin logra que se recupere. En el lecho de muerte, Merlin le pregunta a Uther, “digo, no es por ser pájaro de mal agüero, pero ponele que no pasas de esta noche. Viste el hijo ese que tuviste? Te gustaría que cuando sea grande sea Rey de Inglaterra?” “Si, si – dice Pendragon, igual probate otro conjuro a ver qué onda”.
En este punto (como en otros de estas leyendas) hay diferentes versiones. Elijo la filmada por Boorman a la escrita por Steinbeck. Pendragon, sabiendo que su hora estaba cerca, sintiéndose joven aun, en un ataque de ira clava su espada Excalibur en una roca, y proclama: “Minga que cualquier perejil será Rey de Inglaterra! El que saque con su habilidad y fuerza la espada de acá (oia, ahora no quiere salir esta desgraciada), será Rey”. Y ahí cae redondo.
Más allá de las libertades tomadas para relatar el principio de la historia, en las leyendas conoceremos personajes dignos de admiración por su entereza, su don de gentes, su galantería con damas y doncellas. La férrea defensa de nobles principios y del honor. El engaño, como medio para concretar ambiciones personales (Uther con Igraine, Morgan con Arturo, Morgan con Merlin, Mordred con Arturo).
Además de ello, aparecerán bosques encantados, criaturas en principio reales, pero que esconden enigmas. Hechiceras, magos, justas, torneos. Reyes compadritos. Caballeros cancheros. Damas retorcidas. Señoras portadoras de poderes mágicos: a veces parecen buenas, y otras, no se.
Y el touch cristiano del que hoy día se sigue hablando: a fin de encontrar la cura al maleficio que Morgan le echa a Arturo, sus nobles caballeros con Percival (o Parsifal) a la cabeza, salen a buscar el Santo Grial para que mejore y que el Reino de Camelot vuelva su esplendor. No les voy a contar si lo encuentran o no.
El símbolo del Grial lo encontraremos posteriormente en diversos relatos: de Richard Wagner a Indiana Jones, y de Umberto Eco a (Dios me perdone!) Dan Brown.
Lo recomiendo para los chicos, a partir de los ochos años, o bien cuando dejan de asustarlos los libros sin dibujos.
Lo recomiendo para los adolescentes, porque hay otras cosas tan atrapantes además de los vampiros de Crepúsculo o del alumnado del Colegio Hogwarts.
Y para los grandes, para recordarnos que hay sentimientos y principios universales que vale la pena volver a poner en práctica.
Mi agradecimiento a Moni, una rara persona que devuelve los buenos libros a sus dueños.
Mi agradecimiento a Ariel, que me enseñó otra manera de conocer estas leyendas eliminando el prejuicio de que están pasadas de moda.
Mi agradecimiento a #Camelot, porque durante un tiempo (Damas del Lago, aparte), con el respeto, modales y magia, lograron varios de sus participantes devolverme cosas importantes que creía entonces perdidas para siempre.
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Impresionante reseña realmente. Ya ha pasado bastante tiempo de que no hablo, comento, ni leo nada de estas novelas. Y, como todo lo que no se ejercita asiduamente, he perdido casi todo el conocimiento ( o lo que 10 años atrás conocia bastante bien) sobre esta leyenda.
ResponderEliminarNi me acordaba que te había recomendado el de Steinbeck....yo por mala suerte, preste un libro muy interesante a una ex-novia y nunca más lo recuperaré...igual compense la perdida ya que fue quien me regaló las colección de Mary Stewart Bradley: Las nieblas de Avalón. Para mi gusto una visión muy original, y en la que uno realmente logra entender las motivaciones y sentimientos de los personajes.
Por mi parte, la de Malory la tengo en dos tomos gruesos, de una editorial que ya ni se tiene noticia.
Y por último, coincido con mi amiga aqui 'escribiente', al decir que hay principios, modales, historias y conductas que nunca van a pasar de moda y que siempre van a inspirar.
Saludos.
Ariel